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Historias
La abuela se siente gastadora
“Oh, mira, qué bonito!”, gritó la señora Gómez, señalando con un brazo extendido hacia el otro lado de la tienda y dirigiéndose hacia allí. En sólo unas pocas semanas sería abuela por primera vez. Su hijo le había pedido que se frenase y que no comprase nada y hasta el momento lo había cumplido.
Pero hoy, ya no podía contener más su instinto “maternal”. “Este es uno de nuestros mejores cambiadores”, dijo la dependienta de la tienda corriendo detrás de la señora Gómez. “Lo ve, señora, aquí tiene suficiente espacio para los pañales y para los productos para el cuidado infantil. Todo está a mano y la mesa es realmente amplia. Además, debajo tiene suficientes cajones para colocar todos los preciosos bodies.”
La dependienta sonrió dulcemente.
“¿Tiene también alguno de esos aparatos musicales para ayudar a que se duerman los bebés?” preguntó la señora Gómez.
“Por supuesto. Tenemos cajitas musicales preciosas”, dijo la dependienta. “Aquí puede ver toda nuestra gama de productos. Y cada cajita de música tiene su propia colección de capas de baño y de ropa de cama. Además tenemos esta preciosa alfombra. Mire qué bien se combinan los colores.” La dependienta estaba satisfecha de sus dotes de venta.
La señora Gómez se emocionó. “Hum, así que lo único que nos falta es el bebé a conjunto”, dijo sin poder evitar una gran sonrisa.
Finalmente compró algo de todo lo que le mostraron: el cambiador y la cuna, dos peluches y por lo menos cinco bodies, una lámpara de noche y algunas cosas más. Llegó a casa cargadísima. Su marido le abrió la puerta riendo y le dijo: “¡Vaya, vaya! ¿Sabes lo que he hecho esta mañana?” “Pues no, no tengo ni idea, pero mira que cosas tan preciosas he comprado….”, comenzó a decir la señora Gómez, y entonces su marido se rió con más ganas aún. “¿Pero, qué pasa?” preguntó ella. “Pues que yo también fui de compras esta mañana – una cuna, una sillita y algunas cosas más – y lo he llevado directamente a casa de los chicos”, dijo él.
La señora Gómez dejó escapar un débil “Oh”.
“Y entonces, cuando quise empezar a desempaquetar, Martín me ha enseñado todo lo que Carmen ya tiene comprado. Ellos siguieron su instinto “maternal” la semana pasada. Ahora tienen suficientes cosas como para dos bebés.”
Así que la señora Gómez se fue con su marido a devolver todas sus compras. Pero, de todas formas, se sentía feliz.